23.10.2017

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España: Hay que incentivar el ahorro de los jóvenes para sus futuras pensiones

España: Hay que incentivar el ahorro de los jóvenes para sus futuras pensiones

Es urgente concienciar a la sociedad sobre la necesidad de buscar soluciones para que los jóvenes puedan empezar a ahorrar desde edades tempranas con objeto de complementar sus futuras pensiones públicas. Aunque sea poco lo que puedan ahorrar es importante que empiecen a hacerlo desde ahora, ya que ello les permitirá tener una mayor protección económica en su vejez, que a día de hoy está ya amenazada de un peor bienestar. Esta es la principal conclusión de los Encuentros en La Vanguardia para analizar la situación de los jóvenes frente a su futura jubilación.

 

En los citados Encuentros en La Vanguardia participaron Guillem López Casasnovas, ex consejero del Banco de España y catedrático de la Universidad Pompeu Fabra; Núria Chinchilla, profesora de IESE Business School; Mercedes Ayuso, catedrática de estadística actuarial de la Universidad de Barcelona y directora del Máster de Dirección de Entidades Aseguradoras de la misma universidad; Carlos Bravo, secretario de Políticas Públicas y Protección Social de Comisiones Obreras, y Montserrat Guillén, catedrática de Métodos Cuantitativos para la Economía y la Empresa en la Universidad de Barcelona y patrona de Fundación Mapfre. Ejercieron de anfitriones Julio Domingo Souto, director general de Fundación Mapfre y Pere Guardiola, director general comercial del Grupo Godó.

 

Actualmente, según destacó Nuria Chinchilla, la pensión de los ciudadanos españoles supone, de promedio, el 81,9% del último sueldo. Esta tasa de sustitución, según la evolución de la legislación actual, bajará hasta el 49,70% en el año 2060. Este es un dato del hay que informara los jóvenes para que puedan tomar sus decisiones de ahorro y de previsión con tiempo suficiente, coincidieron en señalar todos los participantes.

 

Carlos Bravo advirtió que, para empezar, debe dejarse claro que el sistema público de pensiones es sostenible y que, llegado el momento, todo el mundo que haya cotizado cobrará su pensión. “No creo –dijo- que los planes de pensiones privados deban sustituir a los públicos”.

 

En cualquier caso, a su juicio, tanto si se confirma la disminución de cobertura prevista de las pensiones públicas, como si –como cree que debe ocurrir– se corrigen los efectos de la reforma de 2013, es muy importante avanzar en la transparencia. Se debe conocer de forma clara y, muy especialmente homogénea, la expectativa de pensión en el sistema público de pensiones y, en los mismos términos, del sistema que cada persona pueda tener de pensión complementaria.

 

“Comprendo –dijo Mercedes Ayuso– que los jóvenes tienen otras preocupaciones antes que pensar en ahorrar, como es posicionarse en el mercado laboral, fundar una familia o encontrar vivienda. Pero ello no debería ser obstáculo para que también tuvieran presente la posibilidad de empezar a garantizarse una pensión complementaria en el futuro”. Los jóvenes, en este sentido, deberían destinar una parte de su ahorro, aunque fuera muy pequeña, a la previsión a largo plazo. “Para ello –dijo– hay que aprovechar las ventajas que la era digital nos proporciona. Internet puede ser una buena herramienta para que esta información llegue de una forma más directa a los jóvenes”.

 

Consideró asimismo que las nuevas tecnologías y la enorme información que aportan, como es el caso del Big Data, pueden ayudar mucho a diseñar y desarrollar fórmulas de previsión adaptadas a cada edad y a cada situación. “Las nuevas tecnologías –añadió– nos tienen que proporcionar los elementos necesarios para diseñar productos que permitan que toda la población se sienta cubierta y cómoda con el acceso al ahorro”.

 

Apuntó asimismo Mercedes Ayuso la necesidad de que la educación financiera de la población debería empezar en los colegios.

 

Guillem López Casasnovas puso sobre la mesa la Encuesta Financiera de las Familias 2002-2014 que describe un mapa de la riqueza muy contrario a los jóvenes y que plantea un escenario de ruptura generacional. Dicha encuesta muestra que muy pocos jóvenes tienen patrimonio y que los que lo tienen arrastran una carga de deuda muy fuerte.

 

Dijo que la situación de los mayores, con una aportación de riqueza de la Seguridad Social muy bien proporcionada al ciclo vital, se compara muy mal con la que podrá acumular un joven de hoy en día, dada la situación de elevado paro que sufre la juventud, la tardía entrada en el mercado de trabajo, la temporalidad de sus empleos y los bajos sueldos que recibe. La crisis, además, ha castigado mucho sus ingresos, que han caído un 22,5% en los años de crisis frente al aumento del 11,3% que han registrado los jubilados. “Por todo ello –dijo- los jóvenes, después de pagar impuestos y cotizaciones, tienen una capacidad de ahorro muy baja de cara a su futura jubilación complementaria”.

 

Explicó Guillem López Casasnovas que el mayor activo de los hogares españoles es la propiedad inmobiliaria, que es mucho mayor con respecto a la existente en el resto de Europa. El 82% de los mayores de 65 años en España tiene una propiedad inmobiliaria. Por ello recomendó buscar fórmulas financieras para hacer más líquidos estos activos y que puedan complementar las pensiones, tanto de los mayores como de sus herederos.

 

Dijo Carlos Bravo que el gran reto es poder mantener el pacto intergeneracional para no romper la confianza y evitar la resistencia al pago de cotizaciones. El problema inmediato radica en la dificultad de financiar las pensiones a través del empleo. La devaluación salarial que se ha producido, junto a una creciente precariedad del trabajo, no es algo coyuntural sino que tiende a ser estructural y reduce la capacidad de ahorro. A empeorar esta situación –señaló también Carlos Bravo– contribuye la aplicación de una legislación incoherente y errática para el fomento del ahorro, con incentivos que se centran en productos financieros diferentes a las pensiones. “Lo que se debería hacer –dijo- es impulsar los sistemas de ahorro y de previsión en el marco de la negociación colectiva”.

 

Montserrat Guillén consideró que la solidaridad intergeneracional y la previsión son los factores claves para el futuro. Por ello insistió en que hay que alertar a la población, especialmente la más joven, para que empiecen a ahorrar cuánto antes. “Tenemos que crear un sistema de ahorro complementario, vinculado al empleo, para que, cada mes, todos los trabajadores puedan ahorrar una parte de su sueldo para complementar en el futuro la pensión pública. Lo hacen ya en otros países con problemas similares a los nuestros, y lo recomienda también para España, entre otros, el FMI”.

 

Los jóvenes, según puso de manifiesto Montserrat Guillén, están muy preocupados por el futuro de sus pensiones, ya que temen que no las tendrán o que en todo caso serán muy bajas. Por eso casi la mitad de ellos están convencidos de que tienen que hacer un esfuerzo adicional de ahorro de cara al futuro. Es cierto –añadió– que su capacidad de ahorro es muy baja pero, aunque sea poco, deberían empezar a ahorrar. En este sentido el FMI, como solución, considera que los jóvenes trabajadores deberían aceptar que una parte de sus incrementos salariales se paguen en diferido, como un ahorro destinado para sus futuras pensiones. Esto comporta renunciar a una parte de la renta de hoy a cambio de una renta en el futuro. “¿Pero hasta qué punto se puede obligar a ello?”, se preguntó.

 

Todos los participantes estuvieron de acuerdo en que los planes de pensiones privados que se han ofrecido hasta la fecha carecen de suficiente atractivo para los ahorradores, fundamentalmente por su baja rentabilidad. Guillem López Casasnovas, al respecto, afirmó que la gestión de los planes privados no ha sido todo lo eficiente que debería haber sido. Consideró que el hecho de que las comisiones de gestión sean fijas, sea cual sea el resultado que obtengan, es algo abusivo y castiga la confianza en ellos.

 

Carlos Bravo apuntó que los sistemas colectivos de pensiones funcionan mejor que los individuales porque sus usuarios tienen mayor capacidad negociadora con las entidades financieras, ejercen un mayor control y eso genera un mayor retorno. “El diferencial de mayor rentabilidad en los últimos 10-15-20 años puede estar entre uno y dos puntos anuales”, dijo.

 

Los planes colectivos de pensiones –señaló Carlos Bravo– tienen que salir de los ámbitos de negociación colectiva entre empresas y trabajadores. Este es un proceso que debería impulsarse pero es difícil por dos razones: porque hoy la reforma laboral ha castigado la negociación colectiva y porque España es un país de micro, pequeñas y medianas empresas.

 

Todos los participantes coincidieron con Carlos Bravo y con Montserrat Guillén en que el Pacto de Toledo, además de garantizar la sostenibilidad de las pensiones públicas, debería trabajar en la creación de mecanismos de ahorro masivos, ligados al empleo, para que los trabajadores puedan constituir su propia pensión complementaria.

 

Montserrat Guillén defendió que, con independencia de los productos, lo relevante es que grandes capas de población comiencen a ahorrar, cuanto antes y de manera sistemática, y eso solo es posible si el mecanismo de ahorro está incentivado y ligado al empleo. Consideró que el modelo vigente en el Reino Unido podría servir de referencia. Allí este sistema funciona de forma semiautomática: si el trabajador no dice lo contrario y no se opone, ahorra con su sueldo para su pensión complementaria. “En España –añadió– ya hay empresas que han asumido esta responsabilidad. De lo que se trata es de que se generalice y alcance a las pequeñas y medianas empresas (pymes)”.

 

Mercedes Ayuso explicó que en Gran Bretaña ha crecido mucho el pago de pensiones complementarias de empleo. Los trabajadores aportan un 5% de su salario y los empresarios un 3%. “Esto –señaló– hay que relativizarlo al tipo de contratación que existe en Gran Bretaña, pero en cualquier caso está teniendo un nivel de impacto elevado en la sostenibilidad del sistema público”.

 

Nuria Chinchilla puso sobre la mesa la necesidad de una mayor solidaridad intergéneros, entre hombres y mujeres, ya que éstas últimas cobran por término medio unas pensiones que son un 40% más bajas. En ello influye que sus sueldos son menores que los de los hombres, entre un 15% y un 30% inferiores, y que normalmente cotizan menos años por su dedicación a la maternidad y a las tareas domésticas. Si a ello se suma que viven más años que los hombres se define un escenario proclive a la pobreza de las mujeres durante las edades más avanzadas. “Es evidente –señala– que el sistema público de pensiones ha estado pensado para los hombres que tienen jornada a tiempo completo”.

 

Estuvo de acuerdo Nuria Chinchilla en que hay que concienciar a los jóvenes, y sobre todo a las mujeres, sobre la necesidad de ahorrar para el futuro. Pero, asimismo, reclamó que el Estado compense de alguna manera la menor cotización de las mujeres a lo largo de su trayectoria laboral, que establezca ayudas fiscales para las mujeres por el cuidado del hogar y por la maternidad y, asimismo, que revise las pensiones de viudedad para las mujeres que no han cotizado.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/economia/20171023/432252613911/hay-que-incentivar-el-ahorro-de-los-jovenes-para-sus-futuras-pensiones.html